Querida Andy:
Hasta ahora no se que esperar de este lugar el color de sus verdes jardines y las hojas de los árboles me parecen sacados de un cuento, jamás había visto tanto color en un mismo cuadro, desearía que tu también pudieras apreciar lo que veo, la casa es grande y blanca, con muchos y enormes cuartos, la señora Rose me ha dado a elegir la recamara que quisiera y como ya me conoces he elegido la que mejor vista tiene hacia el lago en el extremo izquierdo, que por cierto hay un hermoso lago junto a la casa, no se por que tome una habitación tan grande, pero es acogedora, esta dividida en dos plantas, arriba se encuentra la biblioteca y el estudio y abajo esta mi cama y mi neceser, poco a poco la iré llenando de mis recuerdos y bellos cuadros que alguna vez compramos tu y yo; a petición de la Señora Rose y de su esposo el Señor Geller he de tomar clases de piano para obtener mayo conocimiento del que tenia antes cuando vivía en Valle Verde.
La noche viene poco a poco y el crepúsculo se asoma por mi ventana, como ansió que vengas, oh Andy! las cosas se ven tan distintas de cómo eran hace unos años, pero ahora no estas junto a mi y eso me hace desdichada, ojala te encuentres muy bien en tu nuevo hogar.
Es tiempo de que me vaya a cenar, Mrs. Rose cocino esta vez por ser una ocasión especial, claro, si puedes llamar “ocasión especial” al haber adoptado una chica que es totalmente ajena a tu familia y costumbres, me he de ir que la cena esta servida. Espero pronto vengas a visitarme.
Siempre tuya.
Marie.
Doble la hoja y la metí en su sobre, deje la carta de lado y me puse en camino hacia la cocina que se encuentra en la primer planta, caminaba por esos angostos pasillos con mis manos en mis bolsillos, observando las pinturas y retratos de los Geller, ¿debería llamarlos “papás”?, espero acostumbrarme a esta nueva vida.
Baje las escaleras y ahí se encontraba la señorita Susy una joven de apenas veintitantos que vivía con los Geller por mientras que terminaba la universidad, estaba acomodando su abrigo en la mesita de la entrada, al verme sonrió y me extendió su mano. –Hola, tu debes ser Marie.- le sonreí amigablemente y tome su mano para saludarla.-Mucho gusto, tu debes ser Susy.- no se sorprendió, ambas habíamos sido informadas de nuestra presencia en la casa.- Un gusto conocerte.- soltó mi mano y agarro la bolsa que llevaba, de ahí saco una pequeña cajita dorada que después me entrego.- Un pequeño regalo de bienvenida, espero te guste.- sus ojos se veían expectantes hacia mi reacción, le sonreí y tome con cuidado la cajita, me disponía a abrirla cuando su mano me paro en seco.- No, ábrela en tu cuarto y después me dices que te pareció.- me señaló, volví a pegar la cinta en su lugar y guarde la cajita en mi bolsillo.
-¡Marie!, ¡la cena esta lista!- Mrs. Rose venia de la cocina y se dirigía hacia nosotros.-Oh! hola Susy, la cena esta lista para que nos acompañes en la mesa.-se sorprendió de hallarnos juntas.- Cariño ayudarías a Mr. Geller a poner los platos.- me observo con cuidado.-Claro.- asentí ante la petición y luego voltee con Susy.- Un placer conocerte.- ella asintió y yo me fui caminando hacia la cocina, ya no preste atención en lo que decían ellas, entre a la cocina y encontré a Mr.Geller tratando de sacar la vajilla que tenían muy bien acomodada sobre la repisa, al percatarse de mi presencia se envaro.- Marie ¿podrías ayudarme con esto?.- me sonrió con poca gana.-Si, déjeme hacerlo a mi.- me subí sobre un banco que se encontraba ahí y le fui pasando uno a uno los platos, después las tazas y así hasta terminar con los cubiertos, él los acomodo en la mesa y entonces llegó Mrs. Rose acompañada de Susy, ambas venían sonrientes.
Nos sentamos en la mesa y Mrs. Rose sirvió la cena, nos dispusimos a comer. Se suponía que nadie habla en la mesa por lo que no tuve que molestarme en fingir una sonrisa y que me tratasen de unir a una conversación.
Al terminar, ayude a Mrs. Rose a llevar los platos al fregadero y a lavaros, aun cuando se negó a que lo hiciera, pero ¿Qué mas podía hacer?, ellos me habían dado un hogar y estaban dispuestos a criarme, es mi deber ayudarles en lo que se pudiera. Después de lavar los platos me fui a mi recamara, observe el cielo obscuro lleno de estrellas por la ventana y la melancolía me abordo, los recuerdos de la tragedia venían a mi, fluían como torrente de agua, me quite la ropa y me puse la pijama, me acomode en la cama y cubrí con las cobijas, esta noche seria larga, muy larga, igual que la noche antes de que mi vida cambiara, cerré mis ojos y deje que los recuerdos inundaran mi mente, haciéndome revivir lo pasado y añorar un nuevo presente.
Hola soy SaGa, les dejo la historia y pronto publicare, Saludos!